La librería del rincón
Un espacio donde se pueden encontrar tesoros marinos y perlas terrestres. Relatos, libros, imágenes... Pasaos a echarle un vistazo ;D
05/11/2009
Padres REMAKE
Me temo que, ante el destino implacable, me veo obligada a anunciar que pronto yo formaré parte de sus filas. Un pequeño Yoda crece en mis entrañas(aunque espero que no sea de color verde...) y un acojone variado se extiende por todas mis venas.
Al principio te hace hasta gracia tener náuseas mañaneras y mareos inesperados. Se te queda una sonrisa estúpida prendida en la cara, a juego con la que se te pone cuando alquien te dice "vas a ser mamá..." como si en vez de habérselo dicho tú hubieran descubierto El Dorado por sí mismos. Pero pronto empiezan las críticas:
- ¿Y le vas a dar pecho?
- Sí señora, porque es lo más natural, lo mejor para el niño y lo más barato, qué coño.
- Bueno(cara de asco e incredulidad) será si puedes, porque hay muchas mujeres que no tienen leche...
Señora, primero eso es mentira y segundo, ¿eso son formas de animar a la gente?
- Ay, habrá que ir ahorrando para el bautizo(voz de resignación)
- No señora, no l@ voy a bautizar.
- ¡Mujer, cómo no vas a hacerlo! Pero si es costumbre...
¡Joder señora, acabo de decirle que puede ahorrarse el dinero del bautizo y encima se queja!
Y es que la gente no sabe lo que quiere. Además, suelen ser las mujeres las que se meten en estas cosas. Sobre todo las que son madres de hace mucho tiempo o no son madres. Será que las del grupo que está en medio están hastiadas y simplemente se alegran de no ser ellas el centro de atención...
Además, ¿qué les importa si yo bautizo a mi hij@ o no? Eso irá según mis creencias religiosas ¿no? Pues la mejor excusa es:
- ¿Y si el niño muere? No irá al cielo...
Señora, si el dios que nos rige es uno que permite que muera mi hijo sin cometer pecado alguno(vamos, digo yo que es imposible) y se queme eternamente en las llamas del infierno... está mejor allí. Al menos, con el diablo siempre sabes a qué atenerte...
Y así con todo.
El problema es que te hace plantearte si realmente la gente acaba haciendo las cosas "de costumbre" por no escuchar a los demás. Quiero decir, después de nueve meses de embarazo, un parto(que aunque transcurra bien tienes que expulsar un niño por la vagina. Se dice fácil...) y el acojone propio de todo padre primerizo... amén de las primeras noches sin dormir... encima tienes un escuadrón de mujeres diciéndote lo que tienes o no que hacer ¿no dirás simplemente "vale, bautiza al niño, ponle pendientes a la niña, tatúales un dragón en la espalda... pero por favor, lárgate y déjame tranquila"? ¿Acabaré sucumbiendo a la presión como tantas otras madres antes que yo? ¿Qué me hace pensar que soy más fuerte?
Pero no, me niego a que me mangoneen y hagan lo mismo con mi hij@. YO, y en todo caso su padre, soy la única que tiene derecho a hacer tal cosa.
Y l@ educaré lo mejor que sepa, l@ dejaré decidir cuando tenga edad para ello, jamás ojearé su diario o su facebook o lo que se lleve entonces, no seré una madre restrictiva que diga "¡¡¡a ver si voy a tener que ir yo!!!" o "¡En mi casa mis normas!", y nunca, nunca, nunca... criticaré a sus amistades o sus novi@s...
Y vosotr@s diréis, "ya claro, y la paz mundial y que nadie pase hambre ¿no?"... y probablemente tengáis razón. Es posible que acabe formando parte del escuadrón de padres enloquecidos por el poder y la sed de victoria frente a sus hij@s. ¿O no?
Sólo el tiempo lo sabe...
01/11/2009
19 de diciembre ¿Camiseta?... Roja
Cuando paseas por el parque, en soledad, el día de navidad, puedes esperar innumerables cosas. Que te atraquen, que te maten, te violen... o que simplemente no te ocurra nada porque todo el mundo está en casa celebrando las fiestas y lo más grave que te lleves a la cama esa noche sea un congelamiento parcial de pies.
Sin embargo jamás podría haber imaginado lo que realmente me ocurrió...
¿Que qué ocurrió?
Muy bien, empecemos por el principio...
El día comenzó como de costumbre: conmigo tirándome de la cama para conseguir levantarme tras media hora de "cinco minutitos más". Podría criar pingüinos en ese universo helado que es mi piso por las mañanas, sale vaho de mi boca y los pies se pegan al suelo igual que la lengua al hielo en una película cómica. Me lo planteo seriamente mientras desayuno el café calentito que me hace volver a ser persona un día más.
Me cuesta decidirme a quitarme el pijama y ponerme la ropa para ir a trabajar aunque finalmente lo hago a toda prisa, pues ya llego tarde. Tras coger mis bártulos a velocidad absurda y envolverme en mil vueltas de bufanda roja de punto salgo corriendo para no perder el autobús que me llevará hasta mi celda diaria.
- ¡Janssen!- vaya, el jefe está enfadado. Si no, no me llamaría por mi apellido- ¿Otra vez tarde?- noto que se fija en mi aspecto poco convencional, su mirada me recorre de los pies a la cabeza, donde se detiene con desagrado- ¿Y con esas pintas? Por el amor de una madre, eres la única mujer que conozco que sería capaz de vestirse con unos pantalones dos tallas más grandes, un jersey raído de color indefinido, una bufanda que parece hecha para toda una comunidad y con un zapato distinto en cada pie.
- Señor, hay mucha gente que lleva zapatos diferentes...
- Puede que sí lleven deportivas de colores distintos, pero tú llevas una deportiva nike negra en un pie y una bota de agua amarilla en el otro...
- Es parte de mi estilo creativo...
- Y tienes suerte de tener gran estilo creativo... pero como vuelvas a llegar tarde me cabrearé de verdad ¿entendido Janssen?
-Sí jefe.
Mientras el oscuro dueño de la mazmorra se aleja aún furibundo, un adonis se acerca por mi espalda . Pelo oscuro y ondulado, ojos color jade, olor seductor a colonia de categoría.
- Andrés- me doy la vuelta y me dispongo a abrazarlo, pero él se aparta de mí dulcemente y me mira con reproche.
- Pensé que vendrías anoche- su voz suena dolida.
- Sí, pero estaba agotada.
- Siempre estás agotada. Hace meses que no quedamos más de una hora fuera del trabajo y no quiero pensar en cuanto hace que no tenemos relaciones.
- ¿Sexo?¿Aún existe eso?- intento bromear y quitarle hierro al asunto pero no funciona.
- Tengo que saber si estás conmigo, Sara. A tiempo completo.
- Andrés... Yo...
- Pues entonces tú y yo no tenemos nada que hacer juntos.
Se va dejándome ligeramente apesadumbrada y me siento en mi silla con un enorme suspiro trágico.
- ¿Otra vez lo habéis dejado?- levanto la mirada y veo al hombre que acaba de acercárseme.
- Sayid ¿estabas escuchando a escondidas?
- ¿A escondidas? Toda la oficina ha podido escuchar el portazo que Andrés ha dado al rendirse de nuevo en su empeño en conocerte.
- No ha dado ningún portazo.
- Metafóricamente, Sara...- me mira con sus grandes ojos negros mientras un rizo le cae graciosamente sobre el puente ligeramente arqueado de su arábiga nariz- Toma- veo cómo me tiende la pareja de la bota de agua que luce mi pie derecho- Es mejor esto que las deportivas, hace demasiado frío.
- ¿Cómo sabías...?
- Tengo siempre una pareja de deportivas y de botas de tu número- lo miro extrañada- Siempre vienes con ellos desparejados en el momento menos oportuno, así que si lo necesitas de verdad como hoy, puedes cambiarte.
- ¿Y cómo sabías que tenía unas botas amarillas?- pregunto mientras me cambio.
- No lo sabía. Esto sí es una casualidad. De nada.
- Gracias.
- Debería volver al trabajo antes de que al jefe le dé una aplopejía- sonríe seductor- Y tú deberías comenzar.
Se aleja despacio y echa una última mirada atrás, encontrándose sus ojos y los míos. No puedo evitar sonreírle en ese momento. Sayid es de origen algo así como árabe, aunque no sé exactamente de dónde. Su abuelo era iraní, iraquí, afgano, turco... no son el mismo pueblo y originariamente creo que ni la misma raza pero ya sabéis... si lo dices en España, todo son moros. Sin embargo, no puedo imaginar persona más dulce que él, ni más atea, tanto que se dice de los "moros" que si son todos extremistas religiosos... Mucho ver la paja en el ojo ajeno es lo que hay en este país. Huele a bizcocho recién hecho y a chocolate caliente...
Me concentro en mi trabajo y mantengo mi mente en los proyectos en los que estoy trabajando. Antes de irme, lo invito a cenar en mi casa. Él está solo, yo estoy sola... no me parece tan mala idea... Ante mi sorpresa, acepta encantado y queda en venir a las 10. Él traerá el vino y el postre.
Salgo apresuradamente para comprar algo de comer y veo la mirada enfurecida de Andrés. La verdad, ya me tiene harta de tanta tontería ¿es tanto de pedir una amistad y un poco de sexo ocasional?
Son las 9 de la tarde y ya es noche cerrada. La nieve cubre la carretera y no me parece inteligente coger un taxi, con el tráfico que hay así que, cargada de bolsas, me dispongo a atravesar el parque con total decisión y rapidez.
Mis botas amarillas chapotean en los charcos semicongelados mientras la nieve cubre mi cabello y el viento azota mi rostro, ya casi azul. Dejando las bolsas en el suelo un instante compongo mi imagen cubriendo mi cabeza casi por completo con la bufanda. Aún sobra un buen trozo para cubrir el cuello e incluso el pecho, por dentro del abrigo. Me encanta esta prenda. Silenciosamente, un champiñón se desliza de la bolsa hasta el suelo embarrado. Cuando recupero mi compra, lo veo allí caído. Se me escapa una maldición pero, al fin y al cabo, sólo es un champiñón pequeñito. Lo dejo allí.
Sigo mi camino a paso rápido, la nieve empieza a caer fuerte de verdad, apenas se puede ver unos pasos por delante de mí.
"Corre"
Me doy la vuelta con rapidez y miro a mi alrededor. ¿Son cosas mías o alguien acaba de susurrarme al oído? Allí donde había estado un momento sólo había una sombra, aunque parecía crecer. Me río de mí misma, la imaginación me está jugando malas pasadas.
"Corre"
"¿A qué estás esperando?"
Me vuelvo de nuevo. Frente a mí no hay nada. Comienzo a inquietarme ligeramente. Retomo el paso, acelerando para alcanzar cuanto antes el fin del parque y llegar lo antes posible al refugio seguro que es mi piso.
Oigo un crujido detrás de mí.
Me detengo. El hielo se agolpa en mi cara, cual lágrimas derramadas, aunque ni una sola ha escapado a mi control. Me doy la vuelta lentamente. La sombra ha crecido.
"Corre"
"Tienes que irte"
"No esperes. Corre"
Las voces susurran a mi alrededor pero, aunque miro a todas partes atemorizada, no veo a nadie. La sombra sigue creciendo. Parece que se acerca. Estoy completamente paralizada por el miedo, creo que me estoy volviendo loca. La sombra sique acercándose. Para mi inmensa sorpresa un enorme champiñón gigante aparece ante mis ojos.
- Pensabas dejarme aquí tirado- me acusa con voz de ultratumba.
"Corre ¡Corre!"
Hago caso finalmente a las voces y echo a correr totalmente atemorizada, las bolsas abandonadas en la hierba con su contenido desparramado por entre las hojas escarchadas.
Llego finalmente a mi portal y allí está Sayid con expresión preocupada. Me ve y me sonríe, pero al ver mi rostro la preocupación vuelve al suyo.
- Sara ¿estás bien?
- Sí, sí, creo que sí.
- ¿Seguro? No tienes muy buena cara.
- Subamos por favor.
Tras una ducha relajante y un café que él ha tenido la amabilidad de preparar, todo comienza a estar mucho mejor. Le cuento lo ocurrido y él me mira con expresión extraña.
- Crees que estoy loca.
- No. Creo que estabas sola, de noche, en el parque oscuro y que tienes demasiada imaginación.
- Puede ser, pero la cena se ha quedado allí.
- Esperemos que lo encuentre algún mendigo, al menos servirá de algo- ríe mientras me abraza- Podemos tomar directamente el postre. He traído bizcocho.
- Tú hueles a bizcocho...
- Entonces puedes comerme a mí- sus ojos brillantes se clavan en los míos y nos besamos con increíble dulzura.
A partir de aquí, la clasificación es X y personal, así que no seguiré contando. Él es lo que siempre he buscado en un hombre y ni siquiera lo sabía: un amigo con sexo ocasional al que no le molesta la situación. La mayoría de los hombres dicen que no les molesta, pero acaba por fastidiarles que tú seas más independiente que ellos...
Y sí, me he quedado con esto. Porque cada vez que pienso en el parque y en champiñones gigantes me dan ganas de ingresarme voluntariamente en un psiquiátrico y no eran esos los planes que tenía para mi futuro.
Por si acaso, cada vez que voy por el parque, me llevo un mechero de cocina. Si un champiñón gigante vuelve a amenazarme... al menos lo gratinaré. Como que me llamo Sara Janssen.
Para entender el título del texto clickar aquí...
14/10/2009
El maltrato más peligroso es el que no se ve
Este texto no es mío. Lo ha escrito una forera aquí y cuando lo he leído he visto todos mis miedos respecto al parto reflejados en él. Por esto, quería compartirlo con tod@s, especialmente con las mujeres. Si todas nos hiciésemos valer, estas cosas no sucederían y aún mucho menos serían vistas como normales.
Érase una vez un país en el que las mujeres hechas y derechas dejaban de serlo aproximadamente en la semana 2 de su primera gestación. Ya nunca volvían a ser ciudadanas de primera categoría. A partir de este momento se sucederían todo tipo de reproches hacia su persona; curiosamente por los ginecólogos y matronas que las atendían en las consultas llamadas de salud del embarazo. Se las trataba bruscamente y sin educación, regañándolas por haber comido demasiado o demasiado poco, por hacer mucho ejercicio o no guardar bastante reposo, agobiándolas con predicciones apocalípticas de placentas demasiado bajas, líquidos insuficientes o excesivos, niños que engordaban a un ritmo frenético o no engordaban en absoluto, y todo aquello siempre era culpa de la gestante. Así que las futuras madres, deseosas de que sus hijos estuvieran a salvo, tragaban con todas estas reglas, con los ataques personales, y no reclamaban cuando el ginecólogo apuntaba la altura uterina, el peso o la tensión sin siquiera levantar la mirada y menos sus sagradas posaderas del sillón despidiéndolas con un “a ver si para la próxima visita no engordas tanto”.
Pero lo peor era que aquellos no eran casos aislados, era lo normal y toda la sociedad lo percibía como correcto. Todo esto tenía una razón, y es que así llegarían totalmente infantilizadas y faltas de sentido crítico al final del embarazo, acatando sin rechistar cualquier disposición médica, aunque fuera claramente en contra de su salud y la de su bebé.
Para el parto ya estaban completamente ganadas para la causa, convencidas de que la inducción el lunes por la mañana (aunque le quitaran varias semanas de gestación a su hijo y luego ingresaría en neonatología para suplir los días que faltaban en su desarrollo) era lo más conveniente para ellas (y para el hospital), de que los dolores provocados por la oxitocina artificial eran el merecido castigo por no dilatar (pues aun no era el momento para que naciera su hijo), de que obligatoriamente se les tenía que subir encima una matrona de 100 kilos, ya que ellas no sabían empujar (¿y cómo podrían hacerlo?, si estaban tumbadas boca arriba, desprovistas de la fuerza de la gravedad) y de que la episiotomía era imprescindible para que saliera su hijo (en el brevísimo plazo que establecía el protocolo del hospital, no fuera que el paritorio se ocupara demasiado rato y atendieran menos partos al mes).
Hace relativamente pocos años se dispuso un caramelito para distraer a las féminas y de paso, ganarse su confianza. Esto se llamó inocentemente epidural, y tenía doble ventaja, porque las propias mujeres hicieron la mejor publicidad, ensalzando sus supuestas virtudes y sin publicitar los contras (como hacen todos los grupos sometidos cuando se les brinda un poco de atención) y además permitía realizar todas las prácticas habituales impunemente, porque la parturienta no debía sentir nada.
Y como no sentían nada, se les podía romper la bolsa sin preguntar (para recoger el líquido cuando viniera mejor a los turnos), suministrar oxitocina artificial diciéndoles que era suero, prohibir moverse de la camilla (para que no tuviera que acudir una matrona a recolocar los registros), aislarlas del acompañante (para que no hubiera testigos de su iatrogenia), manipular las zonas más íntimas de su cuerpo con brusquedad (porque el equipo tenía prisa en acabar), sostener a su niño lejos de ellas (porque ellas no sabían cogerlo adecuadamente). Vamos, se permitía casi cualquier cosa. Pues todo esto dolía (sobre todo a posteriori) y provocaba muchos problemas físicos y psíquicos (la famosa depresión postparto, que también era culpa de la mujer, no de la desatención de los obstetras y matronas, por supuesto).
Y sí, efectivamente, este país es España. Cada día se producen más de 1300 nuevos casos de violencia contra las mujeres, concretamente contra las que se encuentran de parto.
Hace mucho que se sabe que la mejor manera de controlar a un grupo de población es doblegarlo en aquellos momentos en que más indefenso está.
Cada vez que se le dice a una puérpera “pero ¿de qué te quejas?, si tienes un niño precioso” o “hija, ¿qué te pensabas que era tener hijos?” o bien “no llores por los puntos en tu vientre (o en tu periné), que se los dan a todas” estamos perpetuando el maltrato, estamos normalizando una situación de sumisión y eliminando cualquier posibilidad de objeción.
Pensemos en ello cuando nos llevemos las manos a la cabeza ante los casos de ablación genital de países del 3er mundo. Quizá no estemos tan lejos como creamos de esas culturas.
Por favor, no nos equivoquemos. La OMS desaconseja todas estas prácticas y numerosos estudios científicos avalan la no-utilización de ninguna de estas cosas por rutina. La episiotomía(cortar a la mujer para que salga la cabeza del niño), por ejemplo, no está aconsejada en más de, como máximo, un 10% de los casos. En España se hace a un 90% de las mujeres que tienen su primer hijo. Esto no es una "locura" ni "declaraciones de gente enferma" como dice el impresentable del dr. Estivill. Son declaraciones apoyadas en estudios científicos y en cuestiones claramente demostradas desde hace más de 25 años.
09/10/2009
Gemelos: el inicio de una tradición
Se maravillaba de cómo Marcus podía levantar toda la tierra del campo y hacer surcos tan rectos como milimetrados en apenas unos minutos y hectáreas eran sembradas en sólo una mañana.
Su asombro aún crecía cuando veía a Marius razonar con las ovejas hasta convencerlas de que no perdieran unas la pista de otras.
Había encontrado aquellos gemelos abandonados en el bosque aún recién nacidos y mil veces había dado gracias a los dioses por el descubrimiento, pues habían paliado su soledad siendo los hijos que nunca había tenido a la vez que hacían su granja la más fecunda de la zona.
El pueblo sufría bajo los abusos del tirano que ostentaba el poder. Los desconsolados campesinos veían temporada tras temporada cómo el ejército real se llevaba sus cosechas y los sumía en el hambre y la desesperación. Un buen día, un grupo de soldados del rey acudieron a la granja de Fabio por segunda vez en un mes.
- ¿Qué es lo que deseáis, buenos señores?- preguntó el granjero, saliéndoles al paso.
- Venimos a buscar el diezmo- graznó un soldado de aspecto adusto.
- Pero señores- imploró Fabio al tiempo que Marcus salía de la casa, con la tez seria y se ponía a su lado- Ya lo entregamos. Si nos quitan el resto, moriremos de hambre.
El soldado rió y, haciendo una seña a sus compañeros, se dispuso a tomar aquello que habían venido a buscar. Mas la sonrisa se heló en su rostro en cuanto Marcus tomó su brazo y apretó con fuerza, rompiendo todos sus dedos. Gimió desesperado mirando al joven granjero con ojos vidriosos. Marcus soltó al soldado al tiempo que otros lo atacaban, pero fue en vano. Uno a uno fueron cayendo bajo los poderosos puños de fuerza inhumana. Intentar moverlo era como intentar deslizar una montaña y se oían los huesos crujir al golpearle los atacantes.
Cuando los restantes soldados se recuperaron de la sorpresa y se dispusieron a atacarlo con armas punzantes, un aullido escalofriante recorrió el horizonte. Los hombres, aterrorizados, volvieron la vista a la colina y más de uno huyó al ver lo que se presentaba ante ellos. Un hombre exactamente igual al que estaba destruyendo sus fuerzas se encontraba en lo alto de la loma, acompañado de un rebaño ovino mezclado con lobos feroces que gruñían y enseñaban los dientes. Hasta las ovejas parecían peligrosas bajo el aura de aquel demonio. Con un último grito se lanzó contra los que aún permanecían allí, paralizados por el miedo, junto a su ejército animal. Los herbívoros llevaban a los hombres hasta las fauces de los lobos o confundían los movimientos de los soldados para que sus compinches carnívoros remataran el trabajo. Marius golpeaba a la velocidad del rayo y Marcus con la fuerza de la tierra. Sus aliados animales persiguieron a los fugados dando buena cuenta de sus presas.
Todos los soldados ante ellos murieron aquel día.
No contentos con esto, pues bien sabían que volverían y en mayor número, los hermanos, concluyeron que lo mejor era perseguirlos y terminar de una vez por todas con el maldito régimen.
Así, se pusieron en camino dotados de luz propia. Uno capaz de destrozar regimientos enteros con sus manos desnudas, el otro ejerciendo su control sobre cada animal viviente. El padre de éstos, viendo lo que los muchachos podían hacer, llamaba de puerta en puerta para que todos sus vecinos fueran testigos de lo que iban a vivir y los campesinos, hartos hasta el hastío de la expoliación gubernamental, los seguían armados de horcas, hoces y demás aperos, prestos para entrar en batalla junto a estos súper hombres.
El rey, de gran envergadura y ataviado con broncínea armadura, esperaba al grupo rebelde en el bosquecillo que rodeaba el pueblo.
- Veo que ya habéis llegado- dijo sonriendo- ¿Sorprendido?- preguntó al ver la expresión de Marcus- Suerte que tenemos soldados cobardes que se esconden a esperar la rapiña de sus compañeros ¿verdad? Así pueden avisarnos...
- Se nos escapó un gusano- dijo Marcus con voz seria.
- Efectivamente. No te preocupes- rió - lo castigamos, por supuesto.
- Lo suponía. Ninguno tenéis honor.
- Pero tengo esto- dijo con una sonrisa amplia, al tiempo que señalaba tras de sí y diez guerreros férreos salían de sus escondrijos- También tengo mil soldados esperando mis órdenes en el valle... pero no creo que sean necesarios- y tras terminar su discurso dio la orden de atacar.
Ambos hermanos unieron sus fuerzas. Marcus golpeaba con la fuerza de un huracán y Marius con ardor animal. Por un momento, uno de sus contrincantes creyó ver afilados colmillos adornando su sonrisa y esto lo aterrorizó de tal modo que erró en su ataque, dándole al gemelo la oportunidad que esperaba.
En menos tiempo de lo que se tarda en contarlo, los jefes guerreros estaban muertos y los hermanos, cubiertos en sangre, miraban con ojos enloquecidos al rey.
- No es posible- balbuceaba éste atemorizado.
- Es tu hora- gruñó Marius antes de que un aura terrorífica rodeara su cuerpo, dándole verdadero aspecto de bestia.
Aunque intentó escapar, fue en vano.
Consiguió exhalar un grito antes de que Marius lo alcanzara y hundiera los afilados colmillos en su real cuello.
Marcus bramó y se lanzó contra los soldados que ya corrían loma arriba para socorrer a su rey. Todos y cada uno de los campesinos lo imitaron formándose una cruenta batalla. Pocos se atrevieron a enfrentarse a él tras ver cómo los primeros que lo habían atacado caían en grupos a un solo golpe de su brazo. Y la imagen de cientos de campesinos enloquecidos por la sangre y la supuesta invulnerabilidad de su comandante no era más halagüeña.
Muchos murieron aquel día.
Marcus se acercó, sudoroso y con una sonrisa temible, a Marius y se agachó junto al cuerpo tendido del rey.
- ¿No lo has matado?- espetó.
- No- fue la escueta respuesta.
Se apartó para que su hermano pudiera comprobarlo y se puso en pie. Con estupor vio cómo Marcus agarraba al inconsciente rey como si fuera un pelele y lo acercaba a su rostro.
- ¿No lo has matado?- repitió- Yo haré el trabajo por ti- con una risa demente estrelló la cabeza del rey contra el suelo y se bañó con su sangre.
- Pero ¿qué has hecho?- preguntó mirando aterrorizado el cadáver.
- ¿Acaso pensabas que íbamos a dejarlo ir tan tranquilamente?
- ¡Estaba indefenso!- el estupor de Marius había sido sustituido por una ira sin límites- ¿Es que no tienes honor?
- No sabía que tenías tantos escrúpulos- rió con fuerza- Mira a tu alrededor, hermano, ¡somos dioses! No tenía idea de que teníamos tanto poder pero ¿te imaginas lo que podríamos hacer?
- ¿Estás loco? Nos metimos en esta lucha para ayudar a los ciudadanos ¡no por ansia de poder!
- Si eso es lo que piensas- dijo Marcus encogiéndose de hombros- El mundo no necesita dos héroes.
- ¿Quieres...?- Marius se apartó de su hermano poco a poco- ¡No pienso luchar contigo!
- Tú o yo, hermano- dijo Marcus. Atacó a su hermano con increíble velocidad y fuerza, pero éste fue más rápido y esquivó su embite.
- Tú, Marcus- lo miró con increíble dolor- No pienso luchar contigo- repitió- pero si tu poder- escupió la palabra con temible desprecio- causa daños al pueblo...
- ¿Me vas a detener tú?- rió Marcus con fuerza.
Sin mediar más palabra, Marius se alejó dos pasos más de él y, alzando su cabeza al cielo, aulló de modo espeluznante. A lo lejos se oyó otro aullido de respuesta. Y otro. Y otro más. Todo el bosque pareció cobrar vida entonces, conformando los diferentes gritos de animales un canto macabro que heló la presencia de todos los presentes. Un temible bramido bestial y el joven se desdibujó ante los ojos atónitos de los campesinos apareciendo en su lugar la forma de un azor. Con un último brillo en sus ojos de ave, alzó el vuelo, perdiéndose en la espesura del bosque. Marcus lo observó apenas un instante y luego se volvió a los que lo rodeaban.
- Traed a todos los habitantes del pueblo que hayan sufrido a manos del antiguo déspota. Encerrad a los partidarios del antiguo rey en sus casas. Después prended fuego al pueblo- ordenó.
- Marcus ¿qué has hecho?¿qué piensas hacer?- gimió Fabio.
- Voy a levantar una nueva ciudad aquí mismo- señaló al valle- y seré el primer rey de una saga de grandes líderes- la locura brilló de nuevo en sus ojos.
- Al menos sabemos que Marius vigilará- murmuró Fabio para sí con la angustia grabada en el rostro- Sí, Marius velará por nosotros.
Desde el bosque, unos penetrantes ojos de azor observaban la escena.
01/10/2009
¿Sueños?
Abres los ojos y miras a tu alrededor. Estás en una habitación luminosa, totalmente pintada de color blanco, como blancas son las sábanas, los muebles y la ropa que cubre tu desnudez. Con extrañeza tocas una pared y las yemas de tus dedos perciben el frío suave que impregna el ambiente. Esta sensación corre desde tu mano, a lo largo del brazo, hasta tu cabeza donde invade tu cerebro y, por tanto, el resto de tu cuerpo. Ves cómo el vaho sale de tu boca y forma una nubecilla frente a tu rostro, ahora azulado debido al hielo que ha aparecido sobre ti y a tu alrededor. Comienzas a sentir agobio, el silencio penetrante invade tu mente y buscas una salida. Hay una puerta frente a ti y te diriges a ella, no sin aprensión. Antes de rozarla siquiera, se abre por sí misma apenas unos milímetros dejando ver una oscuridad pura que parece pugnar por entrar. Te resistes, pero ves cómo láminas negras saborean los contornos de la puerta. Das un paso atrás con temor, mas una desconocida ola de valor te invade y decides salir al encuentro de aquello que va hacia ti y, llenando tus pulmones una última vez, penetras en la oscuridad...
El viento ululante barre el resto de sonidos que pudieran existir en el páramo desnudo que te rodea. A lo lejos, una enorme figura encapuchada te observa al tiempo que ve todo a su alrededor sin variar su postura. A sus pies, cinco figuras diminutas que se miran unas a otras desconcertadas. Deseas acercarte y, antes de dar un solo paso, ya estás allí. Descubres cinco familiares y amigos que te ven colocarte entre ellos con expresión atemorizada. Les devuelves la mirada del mismo modo y vuelves tus ojos a la enorme figura oscura ante ti. Sabes quién es. Es el Juez. Niegas con la cabeza y te tapas los oídos con fuerza, hasta que notas sangre entre los dedos. El gemido ahogado que comienza tu garganta se convierte en un grito forzado...
Gritando silenciosamente te sientas en la cama. Te invade una sensación de opresión al ver la oscuridad ante ti. Tocas tu cara, tus brazos, tu pecho, tu pelo... sonríes con alivio e incluso una liberadora risa comienza a formarse entre tus labios. Mueves tu mano hacia el interruptor y lo conectas. Aún está oscuro. Te vuelves con asombro y vuelves a accionarlo. Aún está oscuro. La garganta se te cierra y el estómago te da un vuelco. Con ahínco accionas el interruptor una y otra vez pero la luz no se prende y notas cómo la negrura comienza a cerrarse sobre ti. Unos brazos invisibles exploran tu cuerpo, violan tus rincones ocultos. Quieres gritar de nuevo, pero no puedes. Intentas levantarte de la cama, pero tu cuerpo no responde. Una lágrima comienza a caer mientras te debates con fuerza...
Un hormigueo recorre todo tu cuerpo. Una especie de corriente eléctrica invade tu cuerpo y se detiene en el dedo índice de l amano derecha. Lo mueves, la inseguridad te domina. Oyes un pequeño grito de júbilo e intentas abrir los ojos pero, aunque tus párpados se debaten rápidamente, no eres capaz. Más voces invaden tu espacio. No dentro de tu cabeza, sino fuera. A tu lado. Algo te toca. No es angustioso, no es doloroso, no es punzante. Sólo suave. Haces un nuevo esfuerzo, llegando casi al límite de tus fuerzas. Sombras y luces comienzan a formarse ante ti. Ves caras. Una mujer. No, dos mujeres. Un chico joven. Y un hombre mayor con cara seria que sujeta tu muñeca y mira su reloj con concentración.
- Doctor, ¿ya está?¿Se ha despertado?
Una luz inunda tus ojos. Primero uno y luego otro.
- Por favor, les agradecería que salieran. Tenemos que hacerle algunas pruebas.
- Pero ¿se pondrá bien?
El hombre mayor sonríe apenas perceptiblemente. Pone su dedo índice frente a tus ojos y lo mueve de un lado a otro, lentamente. Para tu sorpresa, eres capaz de seguirlo con los ojos sin casi esfuerzo.
- No puedo asegurarlo aún. Pero soy optimista.
Ves cómo los otros tres se abrazan, llorando libremente. Otro chico joven, completamente vestido de blanco, agarra los pies de tu cama y te saca de la habitación. La luz blanca inunda todo y varias personas vestidas igual que el que te lleva pululan a tu alrededor. Unos de verde, otros de azul... Entonces la palabra exacta acude a tu cerebro. Hospital.
- No debes preocuparte. No vamos a hacerte nada malo- dice el enfermero sonriente. Puedes ver con claridad sus dientes blancos, sus colmillos puntiagudos. Oyes una risa malévola...
23/09/2009
Entierro de perros (una reflexión digamos seria)
Por supuesto, como en todo, hay extremos.
Estaba yo viendo Las chicas Gilmore(vale sí, lo sé. Es una serie que merecería que la enterraran en lo más profundo del más profundo abismo... pero a esta hora, después de la siesta y habiendo cumplido con los deberes que me imponen los estudios... en fin...) cuando vi una representación de uno de los extremos. El perro de uno de los secundarios había muerto. Quizá se pueda suavizar esta expresión pero me parece absurdo. Lo que es, es. Y ya está.
La cuestión: al citado canino le hacían un entierro en toda regla a petición del desolado propietario. Esto, en principio, les parecía ridículo al resto de personajes.
¿Hacerle un entierro a un perro? Por favor, sólo es un perro...
Pero lo que la mayoría de gente no entiende es lo que se le puede llegar a querer a esos pequeños babosos peludos de cuatro patas. Yo, desde luego, quiero a los míos más que a muchos de mis allegados. Incluso más que a muchos familiares. No en vano vives el día a día con ellos, les enseñas cosas graciosas, los educas... bueno, esto desde un punto de vista de tenencia responsable, claro. También hay mucho bestia por ahí suelto... y no me refiero a los perros.
Son una parte de la familia y, que tú los incluyas, te lo pagan con creces. Pero, ¿hacerle un entierro a un perro?
Sinceramente, yo no lo entiendo y no lo haría. No es que tenga algo en contra, simplemente no lo entiendo.
Al fin y al cabo, los perros no lo necesitan. Ellos viven en el ahora. Muere un compañero, están tristes un par de días y luego se rinden a la evidencia de que no va a volver y siguen adelante. Sin flores, sin música, sin ataúd ni fotos macabras del fallecido. Sin plañideras ni parafernalias por el estilo. Si realmente queremos hacerles un homenaje ¿no deberíamos seguir sus costumbres?
Y, si te paras a pensarlo... ¿para qué hacemos ceremonia de la muerte de nuestros familiares y amigos humanos? Está claro que a la persona en cuestión no le va a hacer ningún bien. Como regla general, los enterramientos no son más que la manifestación de los miedos de los vivos a la "otra vida". En ocasiones, una manera de aplacar la ira de los fallecidos. Habitualmente, una manera de demostrar socialmente lo mucho que estás sufriendo.
Lo sé, lo sé. Es una costumbre y, actualmente, necesario pues es ilegal no procurar un entierro. Buen negocio el de las funerarias.
Pienso en mi padre. Cuando él murió le compramos un ataúd, lo vestimos con el traje de padrino que no pudo llevar en mi boda, lo dejaron guapísimo(eso me dijeron, al menos), le compramos flores y etcétera, etcétera.
¿Eso le hizo algún bien a él?¿Nos lo hizo a nosotros?
La respuesta a ambas es NO.
Si en realidad es una costumbre inútil(para los creyentes: si eres bueno vas al cielo aunque no te hagan una misa o te compren el ataúd más estrafalario que exista) ¿a qué tanta historia?¿Acaso si ante la gente no estás deshech@ en lágrimas es que no sientes el fallecimiento?¿Si no le muestras a todo el mundo lo que sientes es que no sientes?
Creedme si os digo que a mí ya me lo han dicho: "es que como no lloras parece que no sientes nada" o "A xxxx sí que le ha dolido, mira lo desconsolad@ que está." Por favor...
Y si realmente ES una manera de honrar al fallecido, más allá de la costumbre, una manera de mostrar nuestro aprecio por el ser que ha terminado su vida... ¿por qué nos parece tan ridículo hacer entierros a los perros?¿No son seres, con los mismos derechos que nosotros, a los que amamos?
No es cuestión fácil.
Yo, personalmente, intento siempre ver el lado bueno de las cosas. Y, si no lo tienen, simplemente intento seguir adelante ¿o porque esté deprimida, llorosa y demás me voy a sentir mejor? Como sé que no es así no me dedico a sufrir por los fallecimientos. Todos morimos(humanos, mamíferos, reptiles, plantas...) así que, por ser algo común, simplemente deberíamos ignorarlo.
En vez de celebrar la muerte deberíamos celebrar la vida.
Por eso, en vez de recordar cómo murió, cuándo y lo horrible que fue prefiero recordar cómo jugábamos de pequeños con él, lo que nos enseñó, el apoyo que siempre nos dio... Y esto vale tanto para ese caso concreto como para la muerte de cualquier otro de mis familiares... sea animal o humano.
No me gustan los entierros, por si no había quedado claro. Cuando yo muera no quiero pijadas ni chorradas. Lo mínimo imprescindible. Que donen todos mis órganos válidos y el resto de cuerpo lo entreguen a las llamas para que sea consumido rápidamente. Y después, emulando al gran Lebowsky, las cenizas en una cajita de cartón arrojadas al viento para volver a ser parte de la tierra en todas sus variantes. Y todos a bailar en mi honor, estilo pulp fiction.
Y los curas... que ni se acerquen.
22/09/2009
Se busca inspiración
INSPIRACIÓN PERDIDA
Tiene aspecto de mujer mayor, de mente frágil y ligeramente desequilibrada. Es posible que se pasee por su calle, con pinta andrajosa y golpeada, pidiendo limosna pero no se la dé...
ES MUY PELIGROSA
Es posible que presente ronchas y descamaciones debido a la sobreexposición de una mente tortuosa.
Dada su extrema peligrosidad(es muy violenta. Muerde) si la ve no la llame, no se acerque, no la mire fijamente a los ojos, no la moje ni le dé de comer después de las 12 de la noche... simplemente mande un sms al 666 con texto LOCA + (calle) + (ciudad) y alguien se encargará de recogerla.
Si recibe un mensaje de vuelta pidiéndole que entregue su alma inmortal, ignórelo. Es posible que sea un cruce de líneas con la sede política.
Coste del sms: 50€ por sms. Son necesarios 3 sms. Intercambiable por una eternidad de redención en las ardientes simas del dolor.
16/09/2009
Querido diario:
Querido diario:
Hoy es el primer día de clase. Normalmente eso no me haría ninguna ilusión, pero esta vez es diferente.
¿Recuerdas lo que te conté a principios de verano? Bueno ¿cómo no si yo me acuerdo perfectamente? ;D Pues eso, que Rafa se ha decidido ¡al fin! a pedirme una cita... ¡Es tan guapo! Con su pelo rubio y lacio, con sus ojos azules... Pero llegó el verano y mis estúpidos padres decidieron ir de vacaciones a la estúpida cabaña que tenemos en el estúpido lago... Toooooodo el verano observando como mi padre intentaba estrechar lazos con sus hijos a fuerza de caña ¿quién narices querría estrechar lazos con alguien para el que la idea de ocio es sacar peces muertos de agua turbia? Y mientras tanto él aquí, lejos de mí, cerca de Sonia... :S Siempre ha querido lo que yo anhelaba y ahora es él lo que más deseo ¿Qué me dirá Rafa cuándo me vea en el insti?¿Le gustaré?
*Se levanta de un salto rápido y se pone frente al espejo. Observa su rostro: de frente, el lado derecho, el perfil izquierdo. Luego levanta ligeramente el mentón y hace una mueca que pretende ser sensual. Fija ahora sus ojos en su figura y, finalmente, sacude su pelo casi con despreocupación, tras lo que vuelve a tumbarse en la cama con un ligero salto elegante.*
No estoy tan mal para 17 años recién cumplidos... ¡Seguro que él está tan guapo como siempre!
*Su nombre flota desde el piso de abajo, impulsado por una voz enojada.*
Joder, ya está mi madre metiéndome prisa... Bueno, me voy a clase ¡luego te cuento!
19:30
Querido diario:
¡Odio a Rafa! Es imbécil... ha sucumbido a los encantos de Sonia, según él. Pero ¿qué encantos? ¡¡¡Si es más fea que Picio!!! Ya sé yo lo que le habrá dado esa... Dos tetas enormes y una vagina dispuesta ¡eso es lo que le ha dado!
Ha sido el día más horrible de mi vida, me he sentido como una estúpida ¿Por qué le haría caso a ese febo creído? Maldito Rafa...
*Una lágrima de rabia recorre todo el camino desde su rostro hasta el nombre del odiado ex-pretendiente, convirtiéndolo en un borrón ilegible.*
Volver a clase, volver a casa, volver al fracaso... ¿por qué todos los años es lo mismo?
Odio las vueltas. Según mi corta experiencia, las vueltas no deparan nada bueno así que a partir de ahora *llorosa cara de decisión* no voy a volver jamás. No quiero rutinas, no quiero clases, ni trabajos donde tras unas cortas vacaciones tengas que trajearte para hacer lo mismo un día sí y otro también. No quiero tener que preocuparme de chicos, ni chicas ni nada de nada. A partir de ahora sólo voy a ir hacia delante. Todo lo que va a haber desde ya son idas, nada de vueltas. A tomar por el culo volver.
*-Tal vez no puedas hacerlo.
Se gira hacia la derecha apresuradamente y descubre a un chico, casi un hombre, unos años mayor que ella. Observa su cabello oscuro y rizado, su tez tostada por el sol, se pierde en sus ojos color jade, su sonrisa burlona.
- ¿Y tú qué sabes?- responde enojada al tiempo que esconde las hojas en las que vertía su alma- ¿Tienes por costumbre invadir así la intimidad de los demás?
Una risa clara y sincera sustituye a la burla en la expresión del joven.
- Es un riesgo que corres cuando te sientas a escribir en el banco de un parque al lado de un desconocido- responde con sorna.
- Es el riesgo que corro por sentarme al lado de un tío con vocación de maruja querrás decir- le espeta ella mientras él se echa a reír de nuevo- ¿No quedaban trabajos de cotilla en donde vives y has decidido venir a ejercer al parque?
- Suena como si estuviera prostituyéndome- dice aún sonriente- pero te aseguro que nada más lejos de mi intención. Es sólo que leí sin querer un par de líneas y me gustó tu estilo.
- ¿De verdad?- su voz, ahora suavizada por el halago, llena el espacio entre ellos- Vaya, algo es algo...- la mirada del joven chispea complacida y ella nota un cosquilleo que la invade. La curiosidad la corroe- ¿Cómo te llamas?
- ¿Quién invade ahora la intimidad de los demás?- ríe él, contemplando como ella se sonroja- Óscar- responde, no obstante.
- Yo soy Chiara- dice aún tímida.
- Tienes un nombre precioso. Italiano ¿verdad?- ella asiente. Él se levanta alegre y mira con cierta duda el cielo anaranjado- Se está haciendo tarde y debo irme. Pero me ha encantado invadir tu intimidad- le tiende la mano al tiempo que le dedica una sonrisa plena- y también charlar contigo.
- ¿Vendrás mañana?- pregunta ella, ahora ya en pie frente a él- Sólo por curiosidad...
- Vengo todos los días a pasear un rato después de clase. Supongo que si vienes podremos tener otra charla agradable. Te gusta hacerte la difícil ¿eh?- bromea, al ver la reticencia de ella- De acuerdo, una charla y un café ¿quedamos así?
- De acuerdo, pero no sé si podré venir.
- No importa, ya te he dicho que vengo todos los días- su sonrisa perenne llena el ambiente- Me has caído bien- confiesa.
- Y tú a mí. Está bien, intentaré venir.
- ¿Prometido?
- Prometido- es la risa de ella la que ahora flota en el aire.
Se despiden con un apretón de manos y una promesa que entrelaza sus dedos.*
20:30
Querido diario:
El encuentro de esta tarde me ha hecho cambiar de opinión.
Quizá las vueltas no sean tan malas... sobre todo, si te hacen seguir hacia adelante. Al fin y al cabo, sin vueltas no hay idas ¿verdad?
Óscar... suena bien...
07/07/2009
El pequeño bebé horrible
Cerró los ojos un instante para captar en profundidad los aromas que envolvían el ambiente(café recién hecho, el verdor del bosquecillo anexo, pan caliente, musgo húmedo...) y luego, con una sonrisa, comenzó a escribir.
"Esta quincena el relato va sobre los anhelos femeninos. Y vosotr@s diréis <¡Qué fácil! Siendo mujer...>
Pues perdonad que os lleve la contraria.
Aún pulula en nuestras mentes ese antiguo interrogante: ¿Quién conoce los anhelos femeninos? Me temo que ni las mismas mujeres.
Antaño se esperaba de nosotras que fuéramos madres y esposas ejemplares, que aguantáramos estoicas los envites de nuestros propios maridos y nos contentáramos con la vida que nos había tocado. Así pues, las mujeres soñaban con todo lo contrario: salir al mundo, trabajar, realizarse...
Ahora lo tenemos aún más difícil. Se espera que triunfen en su trabajo, que lleguen lo más arriba posible... y además que sean esposas y madres ejemplares.
¿No, decís?¿Habéis oído hablar de las súpermadres? Heroínas anónimas que consiguen trabajar fuera de casa, recoger a sus hijos del colegio, preparar la comida, tener la casa limpia y satisfacer sexualmente a sus maridos sin perder la sonrisa. Acojonante.
En la mayoría de los casos nos vemos obligadas a elegir y ahí es donde entran nuestros anhelos desconodidos.
Las que se consideran más modernas se deciden por su trabajo. Las más tradicionales, por la familia.
Estaba yo el otro día navegando por los mundos internáuticos cuando encontré Pequeño bebé horrible, un texto de una de las mujeres del primer grupo que, a la vista de un niño monstruoso pero tan valiente como para mirarla a los ojos sin llorar, sentía despertarse de nuevo su instinto maternal... ¿Instinto maternal?¿Quizá lo que se esperaba de nosotras era seguir nuestro instinto?
¿Vamos ahora contra él?
¿O esa expresión no es más que una reminiscencia de la época en que éramos consideradas sólo válidas para la maternidad debido a no tener un colgajo en los pantalones?
¿Por qué cuando somos madres deseamos una exitosa carrera profesional y cuando tenemos ésta nuestro mayor anhelo es parir con dolor un pequeño bebé horrible que llenaremos de lacitos y encajes?
¿Por qué separado va todo junto y todo junto va separado?
Sea como sea, no es fácil escribir sobre los anhelos femeninos desconocidos. Ni vivir con ellos.
Bucear en tu interior y no encontrar más que sentimientos encontrados e ideas preconcebidas durante milenios que se resisten a dejar tu sitio e, incluso, te insultan si perseveras mucho.
Además, hay que tener cuidado con ellos.
Porque si tu anhelo es que tu pareja lama chocolate líquido de tu cuerpo o tú del suyo... tiene fácil arreglo.
Pero si es tener tu propio pequeño monstruito chupón... aparte de lo anterior hay que aguantar nueve meses de embarazo, un parto sangriento y treinta años de crianza(en ocasiones, más). Hay tiempo de sobra para arrepentirse... ¿Será ésa la causa oculta de la depresión postparto?
Yo creo que lo más recomendable es tener pequeños anhelos, porque lo demás viene dado solo... normalmente en el momento más inoportuno.
Yo, por ejemplo, deseaba escribir algo sobre los anhelos femeninos... y ya lo he hecho...
¿Se merece un pulitzer o un tomatazo en un ojo? Ni lo sé ni me importa.
Mi anhelo era escribirlo y ya lo he cumplido. Ahora ya estoy preparada para el siguiente. Las pequeñas cosas que te dan satisfacción... ésa es la clave de la verdadera felicidad.
Como colofón voy a dar un paseo por el río. Y a vosotras, pequeñas blogueras indecisas, os recomiento hacer lo que os apetezca, así sea tomar un buen lingotazo de bourbon.
Un saludo de una mujer realizada."
Cerró el portátil y terminó el mocacciato de un trago. Sonrió con orgullo extremo mientras degustaba la galleta que acompañaba al café y se recostó ligeramente en la incómoda silla metálica mientras hacía una seña.
Una solícita camarera se acercó presurosa.
- ¿Desea algo más el señor?
- No, gracias. Estaba delicioso. La cuenta, por favor.
25/06/2009
Exámenes y sus consecuencias
Estudiar... y estudiar.
Y en el tiempo libre... aburrirte.
Porque no puedes ver nuevas películas ni leer nuevos libros por miedo a ocupar valioso espacio en tu cerebro caprichoso en estas épocas. Puede ser que entre algoritmos, alfas, omegas y navegantes españoles del siglo XV tus neuronas se cabreen por el exceso de actividad si encima las obligas a procesar nueva información y luego almacenarla en una esquina hasta que acabes los exámenes. Y su venganza puede ser terrible.
¿Cómo explicarías después al tirano de turno, el profesor encargado de corregir, que tú querías explicar que Homero escribió la Ilíada y la Odisea, se le atribuye la Batracomiomaquia y los demás poemas homéricos siguen su estela aunque no se presuponen suyos... cuando lo que está escrito en el papel es que el capitán Kirk y Spok tenían un lío con Gollum y se dedicaban a sodomizarse unos a otros mientras Lara Croft lo grababa para colgarlo en youtube?
La visión puede ser apocalíptica. La visión de los ojos desorbitados del profesor, digo. Y su expresión de gusto al tachar con el todopoderoso bolígrafo rojo(los más sádicos tienen un rotulador gigante de los de subrayar) tu esfuerzo y ponerte un cero como una casa en tu expediente.
Es que... la vida del estudiante es dura. Así que, ya sabéis, cada vez que queráis preguntar cómo van los exámenes... cada vez que os asalte la duda de lo que la persona en cuestión estudia... cada vez que os pueda la curiosidad por saber cuándo acabará la carrera... Mejor mordeos la lengua. Porque con las neuronas recalentadas, el cerebro derretido por el esfuerzo y un manchurrón negro en el expediente... puede ser que la parte irracional tome el mando y te arranquen la cabeza de un mordisco...
Quedas avisad@.
